jueves, 10 de febrero de 2011

Saltar al vacío

Por Gerardo Villar


Como en el vacío no hay redes circenses, colchonetas de gimnasio ni amplias lonas de bombero que valgan...¿Quién querría acercarse a un precipicio y saltar al abismo sabiendo que la caída que le espera conduce a la nada?

Hay veces donde el vacío se desdibuja. Qué sensación más placentera cuando aprendiendo a montar en bici, te quitan los ruedines, y una mano amiga te sujeta y sostiene por detrás. Qué seguridad lanzarse de cabeza desde un trampolín sabiendo que el agua te rodeará en un abrazo refrescante. Qué tranquilidad cuando tropiezas en la montaña y alguien -in extremis- te agarra evitando el desenlace fatal.

Sin embargo en nuestra vida cotidiana las experiencias de saltar al vacío no hay que buscarlas mucho. Vienen solas y sin paracaídas: Cuando la vida se convierte en riesgo familiar o laboral y te la juegas en un triple salto mortal. Cuando la desolación se emparenta con la pérdida o el fracaso. Entonces llegan los momentos donde no queda más remedio que saltar al vacío. Como esas veces donde se nos acaba la “pista” de las oportunidades y toca aterrizar sí o sí. Cuando hay que tomar una difícil decisión y no las tenemos todas con nosotros. Cuando la vida se viste de duda y tenemos el agua al cuello y nos falta el aire por los agobios. O cuando todo parece difícil y es más fácil huir que permanecer. Es en esos momentos cuando toca saltar. Lanzarse a lo desconocido. Al misterio de la vida donde Alguien nos espera.

Por ti corro a la refriega, por mi Dios asalto la muralla (Sal 18, 30).

Siempre que hay un “por ti” el abismo se hace más pequeño. Cuando el amor y el agradecimiento nos mueven de verdad somos capaces de locuras y de saltar vacíos que antes no nos atrevíamos afrontar. Por amor salvamos distancias imposibles y hacemos esfuerzos sobrehumanos; le sacamos 36 horas al día y como si fuésemos superhéroes nos llenamos de poderes inimaginables. Es cuando el milagro y la fuerza de Dios entran en nuestra debilidad y lo transforman todo.

La vida, pues, tiene mucho de salto al vacío. Los que no se la quieran complicar podrán quedarse siempre en la orilla del precipicio, en el borde de las cosas, como voyeuristas del mundo y de la vida de los demás. Otros, sin embargo, decidirán saltar, lanzarse al misterio e ir al meollo y a la entraña de las cosas. Solo estos últimos podrán gustar de la novedad y la sorpresa que Dios promete para los que arriesgan por amor.

ORACIÓN

Y PASÓ HACIENDO EL BIEN

En muchas ocasiones hablamos de Jesús como Aquél que pasó por este mundo haciendo el bien. Siguiendo su ejemplo han pasado muchos a lo largo de la historia llevando felicidad y amor a las personas. Una de ellas pudo ser el protagonista de esta historia.

Hace muchos años vivía un hombre que era capaz de amar y perdonar a todo el que se cruzaba en su camino. Por esta razón, Dios envió a un ángel para que conversara con él.

–Dios me ha pedido que venga a visitarte y te comunique que Él quiere recompensarte por tu bondad –dijo el ángel–. Sea cual sea la gracia que pidas, te será concedida. ¿Te gustaría tener el don de sanar?

–De ninguna manera –respondió el hombre–. Prefiero que sea el propio Dios quien seleccione a los que deben ser sanados.

–Yo no puedo volver al cielo sin haberte concedido un milagro. Si tú no eliges, te verás obligado a aceptar uno.

El hombre reflexionó un poco y respondió finalmente:

–En ese caso, lo que deseo es que se haga el bien a través de mí, pero sin que nadie se dé cuenta, ni yo mismo, que en caso contrario podría pecar de vanidad. Y entonces el ángel hizo que la sombra de aquel hombre tuviese el poder de sanar, pero sólo cuando el sol le diese en el rostro. De esta manera, allí por donde pasase, los enfermos sanaban, la tierra volvía a ser fértil y las personas tristes recuperaban la alegría.

Este hombre caminó durante muchos años por la Tierra, sin llegar nunca a darse cuenta de los milagros que su sombra realizaba a sus espaldas cuando tenía el sol enfrente. Así logró vivir y morir sin ser consciente de su propia santidad.

REFLEXION: Pidamos a Dios que nos haga personas de este tipo. Que como Jesús seamos capaces de sembrar alegría, amor y felicidad allá por donde pasemos. Que todo el mundo pueda decir de nosotros que ayudamos siempre que alguien lo necesita, que sabemos perdonar, que, en definitiva, pasamos por el mundo haciendo el bien.

RESUMEN DEL PROYECTO DE MANOS UNIDAS

El objetivo general:

Mejorar las condiciones de vida y salud de los habitantes de las áreas pantanosas del distrito de GOPALBANJ en Bangladesh

El proyecto va dirigido a los habitantes de las zonas pantanosas del sur de Bangladesh. Es una región muy insalubre donde se unen la falta de agua potable a la ignorancia y pobreza de sus habitantes, dando lugar a una situación de gran precariedad.

Carecen de letrinas o cualquier otro sistema de saneamiento, por lo que el agua contaminada se mezcla con la de uso doméstico y es la misma que beben. De ahí las frecuentes infecciones y la alta mortalidad infantil por enfermedades transmisibles, fáciles de evitar. Hace unos años el gobierno hizo pozos, pero la mayoría están inutilizados por falta de mantenimiento y por la contaminación por arsénico que es un grave problema epidemiológico en muchas partes del país. Para evitarla se deben excavar los pozos hasta una determinada profundidad, en la que ya no hay arsénico.

MANOS UNIDAS financió un proyecto de tres años que consistía en: formación y capacitación de un amplio sector en educación sanitaria, prevención e higiene, excavación de 15 pozos de agua potable, instalación de dos centros de producción de letrinas con montaje de 500 letrinas selladas y 1.000 pozos negros por año, y con especial hincapié en el mantenimiento y cuidado de las instalaciones.

Dado el buen resultado de esa primera actuación, ahora se quiere ampliar para en las mismas zonas poder incluir a más gente y reforzar los logros ya alcanzados. Se trata de tres años más con ese mismo programa de: formación sanitaria, excavar más pozos y montar más letrinas, ampliando así también el número de las familias que se benefician de estas actuaciones y mejoran su calidad de vida.

Importe total del proyecto: 75.000 €

La financiación de este proyecto de Manos Unidas ha sido asignada al conjunto de Parroquias que integran el Arciprestazo de Triana-Los Remedios, dentro de la Campaña de Manos Unidas 2011

sábado, 13 de noviembre de 2010

Testimonio Convivencia 0


Kilómetro 0: mucho más que una experiencia...
Todo empezó mucho antes de lo previsto : quince días antes de la convivencia oficial, nos proponen otra fecha: ir una semana antes, en el puente de Todos los Santos. La verdad es que en un principio sonó un poco mal porque teníamos planes y cosas que hacer en esos días pero, aún así, ocho nos arriesgamos y embarcamos en un viaje que nunca nos arrepentiremos de haber hecho.
El día 29 de Octubre por la mañana, las ocho personas que nos disponíamos a ir, estábamos muy nerviosos y nada ni nadie fue capaz de quitarnos la ilusión y felicidad que teníamos, contando las horas para ver a aquellas personas que nos habían enseñado muchísimas cosas y con las cuáles habíamos compartido un montón de experiencias imposibles de explicar en la convivencia del verano anterior. El tren lo cogimos a las 8 de la tarde y aunque el viaje duraba hora y media, se nos hizo muy corto pensando en las personas con las que nos íbamos a reencontrar.
Llegamos los últimos a la casa de la Congregación; todo estaba a oscuras pero nos esperaban un montón de gente reunida en un pequeño espacio con luz. Nada más vernos empezaron a darnos abrazos los que conocíamos y que tanto habíamos echado de menos,... Después nos dirigimos al comedor donde cenamos la sopa que todos los años nos preparan las monjitas... Tras unos juegos para conocernos mejor y una oración, nos fuimos a dormir.
El sábado transcurrió muy deprisa. Vimos Matríx, una película que refleja totalmente lo que significa ser cristiano, y en torno a ello giró toda la convivencia. También tuvimos momentos de descanso para conocernos mejor: jugamos al fútbol, a la cartas o simplemente hablamos con personas que eran importantes en nuestras vidas. Al finalizar el día tuvimos la Adoración. Hubo algunos que nos emocionamos y salimos con algunas lagrimillas en los ojos pero, no les faltó tiempo a nuestros compañeros para venir corriendo y darnos un gran abrazo lleno de cariño y de ánimos. Para terminar, realizamos diferentes juegos dónde se fomentó el trabajo en equipo y tras una serie de canciones nos acostamos.
El domingo fue un día muy especial: empezamos viendo un trozo de una película en la que se nos enseñaba que la fe cristiana es algo que hay que vivir en comunidad. Seguimos con la celebración de la Eucaristía y después de comer, empezaron las despedidas,... Besos, gracias por todas partes, mucho cariño y ánimos para seguir adelante. Con cada abrazo me daba cuenta de que cada una de esas personas ya eran muy importante en mi vida y que si cualquiera de ellas no hubiese estado allí, nada hubiera sido igual,...
En fin, todo hizo que estuviésemos más cerca de Dios y que nos diésemos cuenta de lo que realmente somos y que queremos hacer con nuestra vida: elegir la pastilla roja, el camino difícil y apostar por Cristo; o elegir la azul y seguir como hasta ahora. También sentimos que no somos los únicos que optamos por el camino de la fe, sino que hay muchos jóvenes que, al igual que nosotros, quieren seguir a Jesús.
Quiero agradecer a cada una de las personas que, siguiendo el ejemplo de Cristo, año tras año hacen que estas convivencias se puedan seguir realizando. A cada uno de los catequistas que ponen todo su empeño en acercarnos un poco más al camino de la fe. A cada una de las monjas que todos los días están pendientes de que no nos falte de nada... Y a todos los que he conocido allí porque son increíbles. Mil gracias (y nos vemos en la próxima).
(Adela Sarrió Yuste, 4ºA de ESO)

CARTA DE UN HIJO A TODOS LOS PADRES DEL MUNDO

No me des todo lo que te pido.

A veces solo pido para ver hasta cuanto puedo coger.

No me grites.

Te respeto menos cuando lo haces, y yo no quiero hacerlo.

No me des siempre órdenes.

Si me lo pidieras yo lo haría más rápido y con más gusto.

Cumple las promesas, buenas o malas.

Si prometes un premio, dámelo, si es un castigo también.

No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos.

Si me haces sentir el mejor, alguien va a sufrir.

Y si me haces sentir el peor, seré yo quien sufra.

No cambies de opinión tan a menudo.

Decide y mantén tus decisiones aunque me duelan.

Déjame valerme por mí mismo.

Si tú me lo haces, yo nunca podré aprender.

No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que lo haga por ti.

Me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.

Cuando estés equivocado en algo, admítelo.

Así me enseñaras a admitir también mis equivocaciones.

Trátame con la misma amabilidad con la que tratas a tus amigos.

Porque que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.

No me digas que haga algo que tu no haces.

Yo aprenderé lo que tú hagas, pero nunca hare lo que tu digas y no hagas.

Cuando te cuente un problema mío, no me digas “no tengo tiempo para bobadas” o “eso no tiene importancia”.

Trata de comprenderme y ayudarme.

Y quiéreme mucho y dímelo.

A mí me gusta oírtelo decir.

Ama hoy, mañana puede ser muy tarde

¿Ayer?...¡Eso hace tiempo!...

¿Mañana?...No nos es permitido saber...

Mañana puede ser muy tarde...
Para decir que amas, para decir que perdonas, para decir que disculpas, para
decir que quieres intentar nuevamente...

Mañana puede ser muy tarde...
Para pedir perdón, para decir: ¡Discúlpame, el error fue mío...!

Tu amor, mañana, puede ser inútil;
Tu perdón, mañana, puede no ser preciso; Tu regreso, mañana, puede que no
sea esperado; Tu carta, mañana, puede no ser leída; Tu cariño, mañana, puede no
ser más necesario; Tu abrazo, mañana, puede no encontrar otros brazos...

Porque mañana puede ser muy, muy tarde!

No dejes para mañana para decir: ¡Te amo! ¡Te extraño!, ¡Perdóname!,
¡Discúlpame! ¡Esta flor es para ti!, ¡Te encuentras muy bien!

No dejes para mañana
Tu sonrisa, Tu abrazo, Tu cariño, Tu trabajo, Tu sueño, Tu ayuda...

No dejes para mañana para preguntar:
¿Puedo ayudarte? ¿Por qué estás triste? ¿Qué te pasa? ¡Oye!...ven aquí,
vamos
conversar. ¿Dónde está tu sonrisa? ¿Aún me das la oportunidad? ¿Por qué no
empezamos nuevamente? Estoy contigo. ¿Sabes que puedes contar conmigo?
¿Dónde están tus sueños?

Recuerda: ¡Mañana puede ser tarde...muy tarde! ¡Busca!, ¡Pide!, ¡Insiste!,
¡Intenta una vez más! ¡Solamente el "hoy" es definitivo! ¡Mañana puede ser
tarde...muy tarde!

Busca a Cristo hoy. ¡Mañana pueda ser muy tarde!

Comienza tu día de una mejor manera

Hay días en que son las 9:30 de la noche y estoy acostando a mis hijos, y de pronto me doy cuenta de que no he implorado la ayuda de Dios ni siquiera una sola vez a lo largo del día”, dijo una madre a un grupo de padres de familia que estaban compartiendo acerca de su vida de oración. “Casi siempre que me desentiendo de platicar con Dios durante la mañana, el día me resulta muy ajetreado y disperso”.

Los ahí presentes asintieron con la cabeza en señal de aprobación. Al cabo de un rato, los padres se dieron cuenta de que la vida fluye más fácil cuando iniciamos el día en oración. Desafortunadamente la oración durante la mañana no es un hábito natural. La mayoría de nuestros días comienzan en actividad. Los hijos necesitan ir a la escuela, hay que firmar los permisos necesarios, preparar los almuerzos de todos, y aun así todos nos apresuramos hacia la puerta esperando ser los primeros en salir. Para disminuir esa tendencia, propongo cuatro sugerencias que pueden ayudarte a iniciar de manera orante tu día:

1. Busca la manera
Posiblemente lo más difícil de la oración de la mañana es establecerla como hábito diario. Crea una estrategia que te permita detenerte por un momento para orar. Conozco personas que sobre el espejo de su baño han colocado una copia del Ofrecimiento del día. A través de los ojos lagañosos se recuerdan a sí mismos la necesidad de ofrecer su “oración, alegrías, obras y sufrimientos de este día” a Dios. La monjita que fuera mi maestra de cuarto año de primaria nos enseñó un truco diferente. Nos aconsejó que durante la noche colocáramos nuestros zapatos bajo la cama lo más alejados de la orilla que pudiéramos. Dado que ya estábamos de rodillas guardando nuestros zapatos, podíamos recitar las oraciones nocturnas. Al siguiente día, cuando despertáramos y tratáramos de alcanzar nuestros zapatos, una vez de rodillas, podíamos recitar nuestras oraciones de la mañana. ¡Funcionó!

2. Deja todo en manos de Dios
Si separas un momento para la oración de la mañana, y lo único que haces es concentrarte en las preocupaciones y pendientes del día, te volverás loco en muy poco tiempo. La buena nueva de la oración de la mañana en oposición a las preocupaciones de la mañana, es la oportunidad que te brinda de depositar todas tus preocupaciones en las manos amorosas del Padre. Imagínate sentado con Jesús frente a frente. Indistintamente de los miedos que te lleguen, déjalos ir. Déjalos en sus manos. Tu imaginación puede paralizarte o fortalecerte. Cuando medites en los desafíos que te aguardan durante el día, imagínate que vas acompañado de Jesús, quien amorosamente cuida de ti.

3. Pide virtudes y no resultados
Es muy natural pensar que sabemos cuáles cosas son mejores para nosotros y para quienes amamos, por lo tanto, oramos con mucha frecuencia para que Dios nos conceda determinados resultados ante los momentos problemáticos de nuestra vida. En lugar de pedir determinados resultados, pide a Dios que te conceda las virtudes necesarias para enfrentar los desafíos que el día te presenta. No necesitas saber exactamente lo que necesitas, sólo pídelo con sencillez: “Dios mío, concédeme tu ayuda para vivir plenamente el regalo de este día”.